7.5.07

Sé gentil

NOTA: este cuento tiene su historia. Sé que eso no me disculpa de lo extremadamente cursi que es pero, creedme, tiene su explicación. Una explicación que sería más larga que el cuento. Nunca he escrito nada que pudiera parecer erótico y ahora sé por qué xD

Será nuestra primera noche. Prométeme que serás gentil. Hemos hablado tantas veces sobre lo que sucederá esta noche… Hemos planificado la velada con tanto detalle que puedo predecirla con exactitud, cada gesto, cada caricia, pero no puedo evitar un atisbo de temor.

Prométeme que serás gentil, que en efecto me recibirás entre flores y velas, para que el juego de luces y sombras de las llamas vacilantes me oculten y te descubran, te oculten y me descubran. La incertidumbre será tan excitante como la expectación.

Gentileza, cuando me tomes de la mano y poses tus labios en la palma, labios que habrán de demorarse en los dedos, lengua que tanta mis yemas. Sin embargo, no es ese mi sabor y deseo que me pruebes. A pesar de mi timidez, no dudo que estos dedos escaparán de tus atenciones, sujetarán tu rostro y lo atraerán al mío.

Besos. Qué prosaica expresión si sólo digo que te beso, pero qué ardua batalla se esconde tras estas simples palabras. Lenguas enzarzadas, bocas ansiosas, tus dientes que atrapan mi labio inferior para succionarlo con delicadeza. ¿Cómo expresar sólo con la palabra beso que mi piel se ha deshecho, que toda mi carne, mis nervios quedan al descubierto y por tanto soy terriblemente consciente del roce de la tela sobre mi cuerpo, tus manos calientes que trepan por mi espalda, tu aliento en mi rostro? Incapaz de pensar, me limito a sentir.

¿Te ríes? Sé que toda esta descripción te parece burda, que no puede equipararse a las que has escrito para mí, para el momento en que tu boca abandone la mía, roce mis párpados, dibuje mi mandíbula, se demore en mi oreja y descienda por el cuello. Mi percepción exaltada ¿cómo reaccionará cuando la blusa se deslice por mis brazos hasta el suelo? Quizá no lo perciba, quizá en ese momento decidas morder.

Sé gentil. Sólo la presión de tus dientes, la lengua acariciando la piel apresada entre ellos. Prometo no hacer ningún ruido, pero tal vez no pueda evitar que en el silencio de la habitación se haga perceptible un suspiro. Tal vez no pueda reprimir un pequeño envaramiento, sabes que es mi primera experiencia de esta índole. Sabes que te suplicaré que continúes con un gesto mudo y elocuente, que guiaré tu mano hacia uno de mis pechos y la apretaré sobre él con firmeza. Explóralo, tantéalo, investígalo y, cuando el pezón erecto desafíe tu palma, pellízcalo con fuerza.

No puedo garantizar ya el silencio. Cuando tus dedos aprieten y tiren, no sólo ruidos húmedos y respiraciones agitadas de oirán en la habitación.

Tus manos no permanecerán ociosas: las mías tampoco. ¿Cómo será descubrir tu cuerpo con el tacto? ¿Se erizará tu piel bajo mis uñas, como hará la mía cuando la falda caiga al suelo? ¿Qué experimentaré cuando me recuestes sobre las flores? ¿Ahogarán éstas mi rubor cuando me desprendas de la ropa interior? Una vez desnuda, ¿no me sentiré demasiado expuesta, demasiado vulnerable? Cubre mi vergüenza con tu cuerpo, retira con tus manos la timidez de entre mis muslos, pruébame de nuevo. Ahogaré en mi garganta cualquier sonido, prometí no gritar, pero cómo expresar todo esto, cuando cada poro del cuerpo de mi cuerpo se abre en un intento desesperado de absorber el tuyo, si dentro y profundo son palabras sin significado porque todo es ansia indefinible y sólo tenemos dos manos, una boca, un sexo que no proporcionan todo el contacto que preciso para sentirte plenamente.

Me lo has prometido. En el momento culminante, seré tu obra más perfecta, me ensalzarás. Tallarás en mi carne tus versos y brotará la roja tinta que lameré del cuchillo convertido en pluma. Ya no me será preciso tu cuerpo, puesto que todo el ansia se satisfará en la piel, penetrada por la hoja. Prometo no gritar.

Cuando creas condenarme a la inexistencia, me habrás concedido la liberación.

Espero con impaciencia esta noche.